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martes, 18 de diciembre de 2018

¿MODA? ¿ARTE?

En Agosto de 2011 The New York Times titulaba “Horas de espera para ver la exposición de McQueen”, y afuera del Metropolitan Museum of Art había cuadras enteras de personas esperando entrar para ver la retrospectiva Alexander McQueen: Savage Beauty. Una muestra que exhibía más de 100 piezas del diseñador británico, quien se había suicidado hacía un año, a los 40, en el punto más alto de su carrera. Nadie se esperaba una cosa así, ni siquiera el museo. La convocatoria fue tan masiva, que la exposición se alargó una semana, extendió su horario hasta medianoche los sábados y domingos y se convirtió en uno de los 10 muestras más visitadas en la historia del MET.

Alexander McQueen: Savage Beauty      Alexander McQueen: Savage Beauty     Alexander McQueen: Savage Beauty  





Alexis Carreño, artista y doctor en Historia del Arte, fue a ver la exposición dos veces y recuerda,“El nivel de estetización, el nivel conceptual y el nivel de factura de las prendas era impresionante”

Es el chileno que más sabe sobre el tema y actualmente, de vuelta en Chile, ejerce como académico del Departamento de Artes Visuales de la Universidad de Chile. Desde ahí, ha instalado la pregunta en la academia: si la moda puede ser considerada un arte. En 2016, de hecho, realizó el seminario Arte/Moda Intersecciones en el MAC, y acaba de publicar el libro homónimo con las conclusiones de aquella actividad.


En ese entonces, vivía en Brooklyn y cursaba un doctorado en Historia del Arte y Crítica, en la Universidad Estatal de Nueva York. “Tuve la sensación de estar presenciando un cambio de paradigma: McQueen estaba siendo considerado artista”, dice. La exposición le impactó tanto, que Alexis Carreño terminó cambiando su tema de tesis doctoral: en vez de investigar sobre mujeres latinoamericanas y arte contemporáneo, se abocó a estudiar las intersecciones o puntos de encuentro que hay entre arte y moda, y también las divergencias.
Después hizo una pasantía en el Instituto Tecnológico de la Moda, el cual dirige la afamada académica Valerie Steele, y terminó siendo curador de una muestra sobre arte, moda y folclore en el American Folk Art Museum de Nueva York. 


                         





La discusión de si la moda es arte  comenzó a dar vueltas al mismo tiempo que empezó la moda como tal, a fines del siglo XIX. El mismo Charles Frederick Worth, llamado padre de la alta costura, instaló su casa de modas en París y se autodenominó artista. Worth se fotografiaba con boinas y trajes emulando los retratos de Rembrandt. Y, tal como las pinturas, sus creaciones eran piezas únicas que no se reproducían.





El MET (Metropolitam museum of art) ya había incursionado en la moda, cuando en los 60 creó el Costume Institute. Sin embargo, la exposición de McQueen pareció marcar un antes y un después ya que estaban exhibiendo, por primera vez, piezas de moda en las salas de arte del museo; es decir, en aquellas donde siempre se muestra pintura o escultura. Una señal de legitimación muy potente.


Esta muestra fue considerada crucial en la apreciación contemporánea de la moda como una forma de arte. Sin duda fue un hito que abrió paso a una seguidilla de exposiciones en otros museos, sobre vínculo de arte y moda. La exposición que hizo el MoMA en octubre del año pasado, llamada Items: Is Fashion Modern?, fue una consecuencia. Así como las que ha hecho el American Folk Art Museum o el National Gallery of Victoria.

        Alexander McQueen: Savage Beauty     Alexander McQueen: Savage Beauty





Debemos tener en cuenta que la moda comparte diferentes puntos de encuentros con el arte. El primero de ello es el lenguaje, ambas usan lenguaje visual: las dos disciplinas tienen que ver con forma, color, textura y composición, y tanto artistas como diseñadores trabajan con esas variables. Los otros puntos de encuentro tienen que ver con quienes realizan estas disciplinas: ya sea cuando un artista trabaja con la moda; cuando un diseñador se inspira en el arte; o cuando ambos trabajan en conjunto como hemos comprobado en diferentes entradas de este blog.

Sin embargo, la relación del arte y la moda con la temporalidad es compleja. Si se piensa la moda como un fenómeno efímero debido a que la moda cambia con cada temporada, es posible establecer una conexión con prácticas artísticas duracionales como las instalaciones y las performances las cuales están pensadas para un espacio y tiempo específico. Sin embargo, la finalidad y densidad de estas últimas es distinta a la que tiene la moda.
Según Alexis, las exhibiciones de moda en los museos han contribuido a apreciar la moda como una forma de arte y a reconocer el valor cultural de la indumentaria. “Pero esto no es algo nuevo. Los museos siempre han contado con colecciones de vestimenta y textiles. El fenómeno ahora sucede porque responden a algo mucho más complejo. Por un lado, está la necesidad de estos lugares por atraer a nuevas y numerosas audiencias, y la moda ofrece la posibilidad de lograrlo porque es una práctica democrática y extremadamente seductora. Pero por otra parte, existe un interés por parte de las casas de moda por exhibir sus colecciones en museo, por lo que finalmente terminan financiando las muestras de moda”. Además, Alexis agrega que la importancia de la imagen en la cultura contemporánea, ha ayudado a estos procesos debido a la enorme visibilidad que la moda alcanza en nuestra sociedad. “Atraviesa múltiples campos tales como la política, la economía, el arte, nuestra imagen corporal e identitaria. La moda sobrepasa barreras”.





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Por este motivo, la respuesta a la pregunta ¿la moda es arte? la respuesta dependerá de lo que se considere arte. Claramente no es igual que las artes visuales, pero tiene características de arte: es una manifestación donde la imagen y la mirada tienen una importancia fundamental, tal como otras expresiones de arte. 


Historiadores como Anne Hollander vinculan el estudio de la pintura a la moda como parte de la tradición creativa del hacer, a través de la imagen. Hay también una dimensión performática en el arte y en la moda, ya que el traje se lleva sobre un cuerpo con todo el potencial simbólico que eso tiene.

           



Finalmente, cuando una pieza de indumentaria logra representar el espíritu del tiempo, de la misma forma que una pintura puede transmitir las ideas más relevantes de una época: ahí hay arte. También, en el trabajo de diseñadores que rompen con la tradición y crean una silueta que no existía; o creadores que cuestionan los límites de su disciplina (por ejemplo, la funcionalidad de la ropa), de la misma forma que los artistas visuales se han preguntado por los bordes de la pintura o la escultura. Es decir, la relectura y el cuestionamiento de la tradición y los límites disciplinares de la moda, son consideradas una forma singular de arte.


  Alexander McQueen: Savage Beauty

 Alexander McQueen: Savage Beauty

LA MODA EN MUSEOS

Que la moda es cultura parece fuera de toda duda, que los diseñadores son, muchas veces, auténticos artistas, también. La discusión, en todo caso, está en si los objetos de este arte deben o no permanecer en los museos. Proponemos aquí diferentes opiniones.



Ahora, a nadie sorprende que se expongan las obras de Armani en un museo. Cosas menos refinadas como excrementos de elefantes, basuras y animales en descomposición han provocado largas colas de espectadores y gran éxito de recaudación. Pero, además, colecciones más estruendosas y populares como las motocicletas han ocupado hace pocos meses los mismos espacios del Guggenheim. Armani es hoy, en la moda, un arquetipo sin contestación. No soporta el malditismo de un Jean Paul Gaultier ni la aparatosa obscenidad de un Versace. Se encuentra en la línea medular de la plomada, en el centro plateado del color, en el international style del diseño y la arquitectura del siglo. Si hubiera que empezar por una firma en las exhibiciones de costura más contemporánea no hay duda que debería hacerse por ahí y las gentes del Guggenheim poseen, con creces, la medida estética de la oportunidad comercial.

En la actualidad, no hay gran museo sin gran público, no hay supervivencia sin espectáculo, no hay prestigio sin el deseo de las masas. El Guggenheim es vanguardia de esta nueva economía cultural pero ya, desde hace dos décadas, todos los importantes museos de Estados Unidos han elegido a sus directores entre figuras empresariales o han creado una dirección bicéfala, artística y mercantil. De la cabeza mercantil cada vez más predominante, en las editoriales, en las productoras, las emisoras, las iglesias o los museos, surgen ideas como la que sitúa las ropas de Armani entre las salas bilbaínas de Gehry. Para su primera muestra en el Guggenheim de Nueva York la empresa italiana entregó cinco millones de dólares. De esa suma, el museo obtuvo beneficio para su presupuesto anual pero Armani, a su vez, alcanzó la publicidad internacional más exquisita, el máximo grado de la distinción, la etiqueta institucional que le otorga definitivamente, ingresando en un museo, la garantía de no morir jamás.

En primer lugar, el escritor y periodista Vicente Verdú afirma que la moda es también un arte y debe estar en las tiendas, en la calle y, como la vida misma, también en los museos. Todo puede ser exhibido en los museos mientras tenga un criterio museográfico coherente: el museo no muestra nunca inocentemente o, para ser más exactos, no debería nunca mostrarse nada sin un por qué, sin un discurso interpretativo, que puede explicitarse mediante textos o incluso sólo visualmente. 

               
Sin embargo, en un país como España, tan huérfano de grandes exposiciones históricas (por referirnos al siglo XX, nunca se ha visto, por ejemplo, una retrospectiva Pollock) el conceder las alas de un museo tan importante como el Guggeheim a un modisto con una difusión fuera de toda duda se convierte en algo cuestionable. No estoy negando con ello ni la calidad del modisto ni la presencia de la moda en los museo. ¿Por qué no crear algún otro museo especializado en moda -existe uno en Barcelona- en donde exponer a Coco Chanel, Schiaparelli, Balenciaga, Miyake y a los más jóvenes creadores? En realidad, este tema nos recuerda que el Guggenheim de Bilbao es una sucursal del neoyorkino sin apenas capacidad de autonomía de programación, es decir, de originalidad o de adecuación a las necesidades artísticas de cada contexto.

Por otra parte, Victoria Combalia, critica y acesora de arte, cuenta el nuevo plan de La Ministra de Educación, Cultura y Deportes.Se trata de una muy buena iniciativa. Moda y arte, moda y cultura se han dado siempre la mano. Baudelaire dedicó uno de sus mejores ensayos a ese universo. Durante los años de entreguerras, Sonia Delaunay, Coco Chanel, Elsa Schiaparelli y otros grandes nombres consiguieron trabajar en ese quicio.

                            

París, que a trancas y barrancas sigue siendo, si no la capital, sí una de las capitales mundiales de la moda, posee por lo menos dos museos dedicados -bien es verdad que uno de ellos sólo parcialmente- al tema que nos ocupa. Aquí no hay nada equivalente, aunque a la vista está que nuestro Museo de Artes Decorativas, hasta hace poco centrado en la tradición, está dando pasos interesantes de cara a ocuparse también del siglo XX. Me imagino perfectamente ese centro, atendiendo a ese frente. En cuanto al que dirijo, pronto la moda estará presente en él, en el marco de la exposición en torno a los Minimalismos, contemplados desde muy diversos ángulos.

¿Guggenheim-Armani? Soy extremadamente respetuosa respecto de la política de los demás museos, por lo que me reservo la opinión. Lo que sí parece evidente es que los Guggenheim programan de un modo distinto de los demás. En cualquier caso, el debate, en el que repito que por mi parte no quiero entrar, no puede centrarse en esta sola exposición, sino que debería contemplar tanto otras también heterodoxas y discutidas, y ahí entraría la de motos, como aquellas que no ofrecen discusión alguna, dadas su pertinencia y excelencia manifiestas.


Sin embargo, Juan Manuel Bonet opina que el diseño de moda no es propiamente un arte, aunque encontrar la frontera entre diseño y arte puede resultar complicado. El trabajo de los dos diseñadores que, a mi juicio, más se aproximan al arte son Rei Kawakubo y Hussein Chalayan -aunque ellos afirman que lo que hacen no es arte-. La moda está marcada por la estacionalidad. Lo efímero de su naturaleza y su carácter seriado hacen que se aleje del concepto de arte. Pero el arte, especialmente el arte moderno, influye de un modo claro en la moda. 
Contemplar un cuadro o asistir a una exposición puede inspirar y condicionar un diseño, aunque no sea de modo consciente. Para mí las grandes referencias en el mundo del arte son Kandinsky, Mondrian, Pollock, artistas que influyen en el tratamiento del color, en las texturas, en la pureza de las formas. Tàpies, con su concepto matérico de la pintura en el que la tela se vuelve rígida, se pinta, se engoma, alienta al diseñador a investigar con los tejidos, a hacerlos suyos. El blanco y el negro en el trazo gestual de Brice Marden sugiere una segunda piel, una prenda de formas adaptadas al cuerpo. Damien Hirts y sus magníficos lunares son otro punto de referencia en las formas y colores.

          

Finalmente, la diseñadora Amaya Arzuaga, comenta que siendo tan clara la influencia del arte en la moda, no es extraño que en un museo de arte moderno se realicen exposiciones de moda como otra disciplina artística, tratando a un modelo como a una escultura a la que uno puede rodear, acercarse y casi tocar para apreciar los detalles, los tejidos, los cortes, los accesorios, pudiendo casi imaginar que lo lleva puesto. Los museos son un entorno perfecto para una exposición de moda porque ofrecen la posibilidad de dar a cada modelo su propio espacio.

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EL ARTE DE LA PINTURA

"La cultura, la pintura, no destruye la barbarie; pero sirve de muro de contención y consuela ese vértigo que existe entre el pensar y el vivir", explicaba este jueves Alfonso Albacete tras un paseo por las salas desiertas del Centro de Arte Contemporáneo de Sevilla (CAAC), horas antes de que se inaugurara su muestra cuyo título, Las razones de la pintura, parece explicar con esa reflexión. La exposición, una retrospectiva que abarca cuatro décadas, permite acercarse a un artista tremendamente versátil y muy centrado en el proceso creativo, convertido en numerosas ocasiones en protagonista de sus obras. 
"La pintura es algo que crea un tiempo diferente del que se está viviendo, es capaz de detener una situación determinada y eso confunde la angustia del paso del tiempo", apunta Alfonso Albacete (Antequera, Málaga, 1950) ante El jardín japonés (2009), un acrílico de gran formato en el que se funden interior y exterior en un juego de volúmenes que permite al artista recrear la luz de distintos momentos del día, desde el alba hasta el anochecer. La naturaleza domesticada de los jardines japoneses, argumenta Albacete, le permite permanecer ajeno a la estacionalidad y, por lo tanto, evitar la sensación de vulnerabilidad inherente al ser humano.
El artista, uno de los creadores que renovaron la pintura figurativa en la España de finales de los setenta y principio de los ochenta, juega con la metapintura en muchas de sus obras que pueden verse, como si de un juego de espejos se tratara, pintadas dentro de algunos de los muchos cuadros en los que Albacete —arquitecto de formación, algo que se percibe en sus obras— ha plasmado su estudio y colgadas también en una sala contigua.





Alfonso Albacete junto a 'Natura uno (Cuadro del huerto)'.
Alfonso Albacete junto a 'Natura uno (Cuadro del huerto)'. P. P.



Aunque Albacete comenzó con las performances y el body art a principios de los setenta, esta retrospectiva, comisariada por Mariano Navarro y que permanecerá abierta hasta el 10 de marzo de 2019, se centra en la pintura y comienza con una serie cronológica que se exhibe en el corredor central del claustrón sur del monasterio de La Cartuja en la que deja ver su predilección por pintores como Piero della Francesca, Caravaggio, Degas, Cézanne, Van Gogh o Jasper Johns. Además de seis salas en las que los trabajos tienen una unidad temática e ilustran, entre otros temas, el interés del artista por el acto de pintar y el estudio como tema recurrente. Desde Lápices, un óleo de 1979, hasta Destiempo 4. Taller escuela (2017), un lienzo en el que se ve "presente, pasado y futuro, porque incluye una obra ya terminada, otra en proceso y un elemento de otra que hice después". Pinturas que el visitante puede contemplar en la misma sala y frente a dos piezas esenciales: Estancia (2008), una anunciación sin personajes en la que los trozos de pintura suspendidos y traspasado por un haz de luz parecen a punto de juntarse para formar la figura del ángel, y Trampa (2008), la misma arquitectura que la anterior, en la que crece ahora un árbol, deja entrever la ciudad y la cruz de una farmacia. "Esa cruz verde la uso siempre como elemento de definición de lo urbano. En lugar de cruz cristiana, que señala el lugar en el que te salvan el alma; aquí es la señal del lugar en el que te salvan el cuerpo", afirma Albacete, quien trabaja con la Marlborough de Madrid, galería con una lista de artistas con proyección internacional.
"Decididamente, el arte de pintar es como un ritual en el que todos los elementos que participan (pinturas, cintas de carrocero, pinceles...) en el momento de la creación siguen después su camino, cada uno por su lado. Pero como a mí me interesa especialmente la acción de pintar incluyo esos elementos en muchas de mis obras", apunta el artista, cuyo trabajo está presente en el Reina Sofía, el Patio Herreriano, el CAAC, el Museo Abstracto de Cuenca o en grandes colecciones como las de Helga de Alvear, Banco de España o The Chase Manhattan Bank.
Tras recorrer Las razones de la pintura, donde el artista no se ata a un estilo sino que adapta su forma de pintar "según el tema", el visitante comprende todo el sentido de sus palabras: "La pintura es solo una, aunque enseñe muchas caras mediatizada por los discursos de cada época".

lunes, 17 de diciembre de 2018

EL ARTE CLÁSICO SE CONVIERTE EN MEME



Rodado en el Louvre, el videoclip del primer sencillo del álbum Everything is Love, de The Carters, [con más de 90 millones de visualizaciones] confirma que los grandes maestros del arte clásico vuelven al número uno del top ten, tras años relegados a posiciones inferiores en favor de artistas modernos o contemporáneos. «Quizá algunos suponían que su obra estaba destinada a acumular polvo, convertida en estudio y territorio de académicos y coleccionistas multimillonarios», valora Chloe Stead, subdirectora del departamento de pintura clásica de Sotheby’s. Sin embargo, artistas como Beyoncé y Jay Z y diseñadores como Alessandro Michele demuestran que su narrativa encaja perfectamente con el vocabulario estético de los nuevos tiempos.




«El arte figurativo es más democrático que el abstracto ya que su lectura viene masticada», opina Ignasi Monreal, artífice de la campaña de publicidad que Gucci presentó en primavera. Su serie de ilustraciones digitales Fantasía utópica se inspira en obras como El matrimonio Arnolfini de Van Eyck, El jardín de las delicias de El Bosco u Ofelia de John Everett Millais. 

«El lenguaje visual establecido por los maestros clásicos es tan ubicuo que es asimilable de inmediato a gran escala. Vivimos bajo un bombardeo constante de imágenes, la armonía clásica se emplea como un filtro más que añade el valor romántico de algo hecho a mano, eleva las imágenes y las separa del resto. Además, es una forma de escapismo muy estética».

Stead recuerda que no debemos subestimar el deseo de aprender de las nuevas generaciones. «El universo de los grandes maestros ofrece la posibilidad de reflexionar sobre siglos de historia: política, moda, biografías extraordinarias, intercambio cultural, belleza, fealdad, honestidad, religión, romance, ornamentación… Son obras que narran historias, y las buenas historias nunca mueren». 

Para el diseñador belga Glenn Martens, director creativo de la firma de culto Y/Project desde 2013, el impacto de la estética del Renacimiento o del Barroco es directo; «el arte abstracto expresa a menudo otros conceptos distintos de la belleza». Él mismo ha utilizado en alguna ocasión la arquitectura gótica de su Brujas natal para presentar su sofisticada versión del street wear de lujo. 




El influjo de las redes está detrás de este copy-paste, que yuxtapone arte y actualidad. Más allá de los mensajes ocultos, el videoclip de The Carters contrapone La consagración de Napoleón o La Gioconda a temas de debate como el feminismo, la brutalidad policial o la discriminación racial.
Mención especial a Retrato de una negra, alegato contra la esclavitud de Marie-Guillemine Benoist, una de las pocas mujeres cuya obra se exhibe en el centro.
Según la experiencia de Monreal, en la denominada era del selfie, «el arte clásico ha adquirido una perspectiva pop: los grandes maestros conviven en el ideario colectivo junto a marcas e iconos modernos». De Lady Gaga a Drake, pasando por Victoria Beckham.
Días antes de la subasta de pintura de maestros antiguos en la sala Sotheby’s de Londres, la tienda de Beckham de Dover Street sirvió de galería para exponer retratos de Lucas Cranach el Viejo, Pedro Pablo Rubens o el Círculo de Leonardo da Vinci.

Victoria Beckham en su tienda con obras de la subasta Old Masters de Sotheby’s.
Que obras excepcionales del Renacimiento, la Edad de Oro holandesa o el siglo XVIII británico compartan espacio con prendas y complementos de moda ha vuelto a desatar la polémica. Cuando la National Portrait Gallery cerró sus puertas para acoger el desfile de Erdem. No era la primera vez que una marca pedía permiso para entrar en un centro artístico. La lista de antecedentes es larga: del Palacio Pitti de Florencia (Gucci) a la Fundación Maeght (Louis Vuitton). Cierto que, en una industria que vira de rumbo en función de las tendencias, abandonar la pasarela en favor de un museo podría parecer un giro arbitrario y perecedero. No lo cree así Martens, que señala que arte y moda se retroalimentan desde siempre. Sin olvidar la cuestión monetaria, como señaló en una entrevista emitida en febrero por la cadena de la BBC Radio 4 Alexandra Shulman, directora de la edición inglesa de Vogue de 1992 a 2017: «Las instituciones públicas se están viendo afectadas por los recortes, y para gestionar un museo tan fantástico como la National Portrait Gallery es necesario recaudar fondos».

Quizá el arte haya perdido (o no) su función original. De lo que no hay duda es que ha cambiado el modo en que el público interactúa con él. Basta con contar los selfies (y millones de likes) que atesora La Mona Lisa. Subir una foto a las redes es una de las herramientas más recurrentes para construir una reputación artística en tiempos de redes. «El videoclip de Beyoncé y Jay Z, rodado en el Louvre, ha abierto la puerta de esta institución a millones de personas. En las subastas, todavía muchos prefieren pujar por artistas contemporáneos. Si moda y música consiguen que los jóvenes entren en masa al museo, otros no tan optimistas, como Martens, ya se dan por satisfechos.

ILUSTRACIÓN, DISEÑO GRÁFICO Y DISEÑO DE MODA


Diseño gráfico y diseño de moda son, probablemente, dos de las ramas del diseño que mejor se complementan. Ya se trate de diseñadores de moda comprometidos o de diseñadores gráficos expertos, la combinación de estas dos esferas es garantía de éxito.

Conocemos sobre todo a diseñadores de moda que realizan colecciones completas basadas en su propia visión. Pero también hay colecciones de ropa y complementos de éxito que no habrían existido de no ser por diseñadores gráficos o ilustradores. El caso de Jordi Labanda, por ejemplo, es paradigmático. Este ilustrador de editorial y de publicidad copó el mercado textil con sus dibujos de mujeres sofisticadas. Camisetas, vestidos, bikinis, cuadernos... Durante la primera década de los 2000, Jordi Labanda estaba en todas partes.
En la actualidad, y es esta una práctica que viene de antiguo, grandes marcas como Miu Miu, Dior o Vuiton colaboran con ilustradores de reconocido prestigio que realizan los estampados de sus prendas. Este es el caso de Blair Breitenstein o David Downtown, entre otros.
La ilustración y el diseño gráfico trabajan de la mano cuando se trata de diseñar estampados textiles. Si bien los ilustradores dominan la técnica del dibujo y la ilustración, el diseño gráfico se ocupa de elementos como la repetición o la composición contextual. Puesto que no es lo mismo ilustrar para una superficie plana que para una prenda de ropa.
Los diseñadores gráficos se ocupan también de todos esos diseños de moda basados en logos, eslóganes y frases. Psicología del color, tipografía y tendencias son las tres variables que el diseño gráfico y el diseño de moda deben tener en cuanta al integrarse para crear una nueva prenda o una nueva colección.
Ilustración, diseño gráfico y diseño de moda: mix ganador
La moda no afecta únicamente al vestido. En la actualidad las tendencias se extrapolan a casi cualquier faceta de la vida. Así, cuando se pone el foco en, por ejemplo, el animal print, vemos mucho más que blusas, fulares o vestidos de piel de serpiente. Vemos diademas, mochilas, zapatos, cuadernos, carpetas y hasta lámparas.
La moda retro se ha colado en todos los ámbitos del diseño. El diseño de espacios es retro, sin ir más lejos. El diseño de packaging está pasando por una fase de regreso al pasado también. Ocurre lo mismo con el diseño gráfico y diseño de moda- Ambos saltan de las pasarelas y los ateliers y se cuelan en las papelerías. Hoy puedes vestir como una diva de décadas pasadas y llevar a juego tu lápiz, tu agenda y hasta la funda de tu ordenador.
Nada escapa al mix ganador formado por la combinación de diseño gráfico y diseño de moda. Si quieres saber cómo jugar con ambos o ya tienes conocimientos sobre alguno de los dos, te animamos a que examines nuestros planes de estudios. Contamos con un completo máster en diseño gráfico, y también en Dirección y Creación de Marcas de Moda. Este último te permitirá expandir tus diseños a todos los niveles.

¿CULTURA O ARTE?


El arte está de moda y viceversa. Pero, ¿de verdad podemos considerar la moda como un arte elevándolo al mismo nivel que la pintura o la escultura? Y por el mismo motivo, ¿podemos considerar al diseñador como a un artista? En el estado actual de la clasificación de las artes, el estilismo está considerado como un arte aplicado. 

En manos de grandes diseñadores como Saint Laurent, Martin Margiela o Issey Miyake el tema se vuelve más complejo. La Haute Couture se rige, en esencia, por no estar sometida a las normas, y a ningún tipo de freno o código. Es un medio de expresión que sirve para reflejar toda la creatividad de su diseñador.



Como si se tratase de un pintor o un escultor, el diseñador dispone a su antojo de telas, texturas, colores, formas y proporciones para modelar los cuerpos como estima conveniente, haciendo gala de volúmenes, movimiento y geometría. 
La moda es también un medio para transmitir un mensaje, para denunciar y para influir en las costumbres. Sin embargo, lo cierto es que las obras de arte mantienen su valor intacto a lo largo de los siglos y la moda es efímera por naturaleza, pues está hecha de tendencias que se renuevan.

Sin embargo, algunas grandes firmas han abierto museos donde poder exponer sus piezas más icónicas. También están empezando a asociarse con museos para organizar retrospectivas y exposiciones itinerantes alrededor de la figura de un diseñador.
Como ocurre con la mayoría de las obras de arte, algunas colecciones o piezas emblemáticas forman ya parte de la memoria colectiva y se exponen en los mejores museos del mundo (Museo del Traje de Madrid, Palais Galliera de París, The Costume Institute en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York). Parafraseando a Yves Saint Laurent podríamos decir que la moda no es del todo un arte, pero necesita de un artista para poder existir.

Art-Keting



La creación de una Fundación para la Promoción del Arte por Cartier, en 1984, hizo ver a los especialistas del marketing las ventajas de una unión entre el lujo y el arte. El arte se convirtió en un formidable medio de promoción y de difusión para las grandes marcas, el mejor vector de expresión para sus valores. Gracias al arte, entramos en una dimensión simbólica superior, y en una economía de lo fetiche.


Valores inmediatamente interiorizados por quienes compran piezas pertenecientes a colecciones cápsulas firmadas por un artista, y que asocian inmediatamente con la marca. Desde entonces, este tipo de colaboraciones fundadas por una fascinación mutua no paran de sucederse, llevando incluso a crear instalaciones para exponerlas en los flagships o en los escaparates, o recuperar fotos de moda de grandes campañas o editoriales de moda que ahora se exponen en galerías de arte de reconocido prestigio.


Las técnicas de optimización de las ventas y de la imagen de las marcas gracias al arte han llevado a los expertos a forjar una nueva palabra el Art-keting. Bernard Arnault y François Pinault, los propietarios de dos de los grandes grupos de la moda y del lujo, además de sus maisons de couture poseen también fundaciones que custodian importantes colecciones de arte.


El arte de las galerías ha salido a la calle para fabricar con la ayuda del marketing objetos cult impreganados de un gran fetichismo artístico como los bolsos Vuitton x Yayoi Kusama o los modelos "As Seen By", el ejercicio estilístico de varios artistas sobre el modelo de bolso Lady Dior, que han convertido este emblemático bolso en auténticas obras de arte, que lo han reinterpretado a modo suo.


El arte es como una nueva religión. Algo que el genial Andy Warhol ya profetizó allá por 1977 cuando aseguró que todos los museos se convertirían en grandes almacenes y que todos los grandes almacenes se convertirían en museos, o casi.



DEL ARTE DE LA MODA A LA MODA DEL ARTE

“La moda no es un arte, pero para dedicarse a ella hay que ser un artista”, afirmaba Yves Saint Laurent, primer modisto cuyos diseños fueron expuestos en un museo de arte (1983, Metropolitan Museum de Nueva York). 
Desde que en 1946 el Museo de la Indumentaria se incorpora al Museo Metropolitano de Nueva York, se suceden una serie de exposiciones comisariadas por Diana Vreeland, de corte histórico o temático, como The world of Balenciaga (1973), Romantic and glamorous Hollywood design (1974) o The glory of Russian costume (1976).  Desde entonces han sido frecuentes las exposiciones de modistos en museos de arte

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Romantic and glamorous Hollywood design bilaketarekin bat datozen irudiak        

También en España, aunque años más tarde, se han dado algunos casos, como por ejemplo la muestra expuesta en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (2004)del reconocido diseñador Pertegaz, que diseñó el vestido de novia de la princesa de Asturias ese mismo año y que posee el récord de visitantes del centro.
El intercambio favorece a ambos, el modisto eleva así su trabajo al estatus de arte y el museo recibe generosas donaciones de la firma. 


vestido de novia de la princesa de asturias bilaketarekin bat datozen irudiak

La exposición de Armani en el Guggenheim en 1998 tuvo una compensación de quince millones de dólares, una cifra insignificante comparada con el coste habitual de una campaña de publicidad global. 

Lo que se debate desde hace algunas décadas es la reivindicación de que la moda es arte. Un sector importante de la industria de la moda potencia esta visión mediante el patrocinio de muestras y fundaciones de arte, y la colaboración con artistas,incluso la próxima campaña de Mango anuncia “moda de expresión artística” Pero son sobre todo las exposiciones en los museos de arte las que plasman el deseo de convertir la moda en arte, puesto que tratan de construir una representación para visibilizar, y por tanto hacer posible esta ambición. Al escenificar la moda como arte, las muestras se convierten en herramientas de marketing de las marcas.

La inversión se rentabiliza sobre todo de forma simbólica (aunque tendrá su efecto económico), ya que el modisto, en el imaginario social, queda asociado no sólo al glamur de la alta costura, sino también al prestigioso mundo del arte y la alta cultura, donde las cosas no tienen precio.
Además, algunos diseñadores se acercan al arte porque codician la libertad de la no función y adoptan su terminología como: concepto, happening, instalación, etcétera

Por su lado, los artistas contemporáneos, desde que Joseph Beuys hizo su traje de fieltro, han utilizado la indumentaria como material de trabajo, sin relación con la moda, en lo que Melissa Leventon denomina artwear.

 Desde la abundante década de los ochenta, el glamur y el poder económico del sistema de la moda han seducido a muchos artistas, como Swetlana Heger, Vanesa Beecroft y otros, cuyo trabajo es paradójico, puesto que resulta difícil distinguir la emulación subversiva de la admiración acrítica. 

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En torno a esta fascinación mutua se han estructurado exposiciones como Fashination (Lars Nittve, Moderna Museet, 2004) o Rapture: art's seduction by fashion (Chris Townsend, Barbican Gallery, 2002), que describen cómo la actitud crítica de los artistas hacia el sistema de moda de los años sesenta y setenta deja paso primero a la ambivalencia, y luego, a la inclusión del artista y su trabajo dentro del sistema moda-celebridad en provecho de su propia promoción, como es el caso de los Young British Artists.


El interés por la corporalidad ha sido históricamente compartido por artistas y diseñadores desde los años sesenta hasta la actualidad. No obstante, como resultado de la actual importancia social y el énfasis académico en el estudio del cuerpo como clave para la definición de la identidad, se ha abierto recientemente una nueva perspectiva museística que atiende a los “cuerpos de la moda”. Mientras la exposición el cuerpo vestido de Sílvia Ventosa y Teresa Bastardes,  mostrado en el Museo Textil y de la Indumentaria (2008) evidencia la modificación estética del cuerpo mediante el diseño de la indumentaria de un modo efectivo, The model as muse: embodying fashion  de Harol Koda expuesto en el Metropolitan (2009) previsiblemente resulta en una oportunidad perdida para reflexionar críticamente sobre la construcción social de los ideales de belleza.


'The Model as Muse: Embodying Fashion' Costume Institute Gala at The Metropolitan Museum of Art - Preview : Fotografía de noticias
Actualmente, dichos ideales conllevan intervenciones estéticas que llegan a trascender el traje, haciendo así realidad el mandamiento número 10 de Elsa Schiaparelli: “Nunca adaptar el vestido al cuerpo, sino entrenar el cuerpo para que se adapte al vestido”,una curiosa inversión de prioridades que es la punta del iceberg de una compleja ordenación de la subjetividad.
Es necesaria una reflexión, tanto desde la crítica social que emana de la investigación académica y el activismo, como desde el arte e incluso la moda, para dotar de verdadero sentido a la rebelión creativa. Una rebelión que debería poder contar con un “museo delirante”, entendido como la continuación de la ciudad, del lugar donde el cuerpo y el estilo de vida se constituyen en el espacio principal para la construcción del yo.

LA MARCA TRANSFORMADORA EN ARTE


Esta firma de culto japonesa se hizo famosa en los años ochenta gracias a sus vestidos desestructurados, así como por teñir de negro las principales pasarelas del mundo.




La firma japonesa Comme des Garçons ha venido revolucionado el mundo de la moda con sus creaciones. Sus diseños se han situado en lo más elevado del panorama ``fashion´´.
A continuación desgranamos las claves de su estilo:


- El nacimiento de la firma

La marca Comme des Garçons fue fundada en Tokio (Japón) en 1969, por la diseñadora Rei Kawakubo. Después de unos años en los que logra hacerse un huevo en su país, en 1981 se presentan sus colecciones por primera vez en la Semana de la Moda de París. De estilo austero, compuestos por trajes y vestidos desestructurados en colores oscuros, estas colecciones supusieron una auténtica revolución que destacó por su simplicidad en los excesivos años ochenta, y pronto su estilo deconstruído se convirtió en su seña de identidad.







Rei Kawakuko, siempre ha buscado transgredir e innovar en cada colección. Muy ligada al mundo del arte, sus primeras colecciones usaron el color negro como seña de identidad, por su marcado carácter unisex, un concepto que no ha dejado de explorar. Sus creaciones se han ido complicando con el paso de los años, en su afán por estar a la vanguardia. 
Rei ha sido citada por muchos diseñadores, de Martin Margiela a Helmut Lang, como fuente de inspiración. 
En el año 2017 el Metropolitan Museum of Art de Nueva York le preparó una exposición retrospectiva, la segunda que ha dedicado a un diseñador vivo, después de la muestra dedicada a Yves Sint Laurent. 

- El ADN de Comme des Garçons

Su estilo punk y underground cuenta con una legión de seguidores, los cuales se afanan por conseguir una pieza del prêt-à-porter de lujo de la marca, diseñada en Japón y producida en Francia, España o Turquía. Sus colaboraciones con marcas más asequibles, como Nike, Converse o H&M han acercado el gran público sus creaciones.







La otra pata de la firma, la que trata de convertir en ventas los diseños de la genial artista, es Adrian Joffe, su marido. Director ejecutivo de la empresa, es responsable de Dover Street Market, un espacio multidisciplinar donde se venden las colecciones de Comme des Garçons junto con las de otros diseñadores. Con presencia en Londres, Nueva York, Tokio, Singapur y Pekín, la marca también dispone de espacios que denomina Guerrilla, concept stores efímeras en las que se mezcla arte y moda. Además de Rei Kawakuko, otros diseñadores se ocupan de algunas líneas de la marca, como su discípulo Junya Watanabe, responsable de las colecciones masculinas de la firma y de una línea que lleva su nombre, así como creador de exitosas colaboraciones con compañías como Loewe o Puma.


Este gigante nipón también ha entrado en lucrativo negocio de los perfumes, aliándose con la multinacional española Puig para licenciar sus fragancias. Inesperadas, como su ropa, incluyen notas de elementos conceptuales como oxígeno, carbón mineral o arena. A pesar de no ser aptos para cualquiera, sus diseños innovadores se adelantan al tiempo y no son fuente de inspiración para propuestas más comerciales. Quizá, como el arte contemporáneo, necesiten algo de tiempo para llegar al gran público.